En un artículo del 1 de diciembre de 2010 pblicado en "Il Foglio", Francesco Agnoli ha escrito sobre el suicidio, casi ausente en los siglos cristianos y llegado en un primer plano con el Romanticismo en siglo XIX. Su curva sigue la descristianización en Occidente y, como era de esperar, es muy alta en el oriente no cristiano. "También hoy los escombros espirituales dejados por el materialismo ateo son bien evidentes, visto que los los antiguos países del ateísmo de estado tienen al mismo tiempo la triste primacía de los divorcios, de los abortos y de los suicidios. Pues el Oms revela hoy que al primer sitio en la clasificación de los países con el más alto número de suicidios en el 2009 se encuentran Bielorrusia, con 35,1 suicidios cada 100.000 personas; al segundo sitio viene Lituania, al tercero Rusia, al cuarto Kazakistan, al quinto Hungría, al sexto el Japón, al octavo Ucrania. Efectivamente, el hombre se suicida cuando falta el sentido de la vida y se cree que el más allá está vacío. La misma base tiene la solicitud de eutanasia.
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